El Dios Olfato
Tan aferrado andaba yo con la lectura liviana e hilarante del psico-mago Jodorosky que, azaroso de mí, olvidé la sartén en el fuego.
Mi mente navegaba entre mercaderes y tesoros mágicos, mientras el oro líquido iba alcanzando poco a poco la temperatura del palo de un churrero. Y yo tan pancho. Menos mal que el olfato es uno de los sentidos más fieles que existen y tras un ligero parpadeo de apollardamiento incrédulo, solté el libro como se suelta una teta después de un orgasmo de alquiler. Inmediatamente y sin la menor vacilación, me apresuré -con derrapada incluída- a encarar la curva de noventa grados que hay justo antes de llegar a la cocina-windsor que esperaba encontrarme.
Pero no muchach@s, esta vez no le daré las gracias a Cristo, ni a Buda, ni Alá, ni a la psicomagia, ni a la energía, ni a ningún Dios de cartón piedra por haber salvado mi cocina, mi reputación y mi internamiento en un centro de jóvenes con tendencias de Alzheimer. Hoy el Dios Olfato ha ganado la partida. ¿A que os huelen las flores?. ;).