Viaje a Marruecos (I parte.).
Atrás dejamos Ceuta, el límite cruel que separa el consuelo de la desesperación, la comodidad de la muchedumbre.
El panorama se torna cada vez mas devastador. La gente corre despavorida con ojos de quietud hacia los montes, los niños se calzan de bolsas cargadas de contrabando mientras las mujeres sufren la angustia y el calor escondidas tras su velo. Todo es demasiado rápido ante los ojos.
A lo lejos, los taxis roncos de color azul tapizados con eskay se muestran perfectamente alineados en una parada prefabricada. Los taxistas comercian, discuten, se alían entre ellos con el fin de sacar la mayor renta posible a cualquier desplazamiento. Apuramos horas del reloj para montarnos en uno de esos taxis roncos a cambio de unos cuantos Dirhams por cabeza. El taxista nos llevará hasta Chefchaouen. Primer punto de destino.