Septiembre.
Repasar mientras caminas las anécdotas veraniegas, sentir el fresquito en las mejillas, sumergirte en una ciudad que poco a poco se va desvaneciendo, ponerte las primeras mangas largas, ver pasar a las parejas que adornan el semblante con cierto aire melancólico, escuchar el ruído de las sillas cuando se cierran las terrazas de los bares. Me gusta Septiembre porque me produce tristeza, una tristeza dulce.