El olvido está lleno de memoria
Hace tiempo que no leo nada de poesía. Pero anoche, entre recuerdos de despertadores huérfanos de timbre y libros que requieren una urgente actuación de desempolvo, me encontré con una página amarilla que decía así:
Hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto /una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido está lleno de memoria
hay rincones del odio por ejemplo
con un rostro treinta veces ardido
y treinta veces vuelto a renacer
como otro ave fénix del desahucio
hay arriates de asombro
con azahares sedientos de rocío /
hay precarias lucernas del amor
donde se asoman cielos que fueron apagados
por la huesuda o por la indiferencia
y sin embargo siguen esperando
aunque nada ni nadie los desangre en voz alta
ni el desamparo ni el dolor se borran
y las lealtades y traiciones giran
como satélites del sacrificio
en el olvido encallan buenas y malas sombras
huesos de compasión / sangre de ungüentos
resentimientos inmisericordes
ojos de exilio que besaron pechos
hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido esta lleno de memoria.
Nada mas cruel ni mas bonito para comprender que el olvido está lleno de memoria. O quizás viceversa. El caso es que el poema en cuestión me hizo recordar una de mis canciones preferidas que dice así:
Más vale que no tengas que elegir
Entre el olvido y la memoria,
Entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
Sobre la línea divisoria
Que va del tedio a la pasión.
No dejes que te impidan galopar
Ni los ladridos de los perros
Ni la quijada de Caín.
Que no te dé el insomnio por contar
Las gaviotas del destierro,
Las amapolas de París.
Te engañas si me quieres confundir
Esta canción desesperada
No tiene orgullo ni moral
Se trata sólo de poder dormir
Sin discutir con la almohada
Dónde está el bien, dónde está el mal.
La guerra que se acerca estallará
Mañana lunes por la tarde
Y tú en el cine sin saber
Quién es el malo mientras la ciudad
Se llena de árboles que arden
Y el cielo aprende a envejecer.
Y sal ahí
A defender el pan y la alegría.
Y sal ahí
Para que sepan
Que
Esta boca es mía.
Benedetti y Sabina, of course.