Y no se me ocurre nada.
Días de hastío y tristeza, de recuerdos embalsamados y de coches vírgenes que quisimos compartir. Días de sueño, de paso lento y miradas fijas. De cera, de incienso, de oro, de pan. Días insólitos, de llamadas telefónicas que aún conservo, de noches a solas, de almohadas frías, días de tí, días sin mí. Días que conservan de manera pulcra el insípido deseo de llamarte. Días de un recuerdo, días de ausencia. Días, tan sólo días.