Sólo si tu vuelves.
Ciertamente yo la llamo poesía de quinta fila. Algo parecido a Bisbal en la música, algo de ruido y pocas nueces. Vamos que es parte de los mil y un poemas (por llamarlo de alguna manera) que circulan por ahí sin el menor pudor. Yo como cada vez tengo menos vergüenza y casi todo me da igual, me he atrevido a poner éste poemita en mi bitácora. Que me perdonen los aficionados y/o expertos a la poesía. Una mala tarde la tiene cualquiera.
Leí todos los cuentos,
deshice las hipótesis,
terminé los crucigramas,
me desvelé con tu ausencia
y corrí desesperadamente
hacia aquel cajón.
Allí se almacenaban pinturas caducas
que en el pasado congelaron
a través de trazos vastos y colores imposibles
momentos de júbilo y melancolía
(a partes desiguales)
El excitante olor a aguarrás,
los pinceles tensos,
los pelos taciturnos
y los pegotes de pintura amotinados
en la frágil paleta de madera
seguían intactos.
Y un lienzo.
El lienzo inmaculado que jamás
me atreví a manchar,
el lienzo digno que aguardaba
con pasmosa serenidad
unos dedos que le faltaran al respeto.
Y lo pensé.
Dibujé en el aire,
casi rozando con la punta del pincel
el himen terso y blanco del virgen lienzo,
imaginé posibles trazos,
averigüé colores previsibles.
Pero no. Esta noche no.
Tal vez, algún día,
entre risas y besos,
entre cuerpos desnudos manchados de óleo
volvamos a perdernos el respeto.
Tu, el lienzo y yo. Tan sólo si vuelves.